Esta es el audio de una acción que aun no hemos hecho y no sé si podremos hacer pero, al menos, lo intentaremos:

Concha Organillero Aristocracia

Se trata de Concha Mendez en sus «Memorias Habladas». El libro está editado como tal pero el audio que dio pie al libro no es exacta exacta exactamente igual.

Esta es una tarjeta del Hotel Aragón en el que Concha estableció una imprenta. de vez en vez salí­a a la calle con su mono de trabajo azul y todo el mundo la miraba. rara era la dama que llevaba pantalones, y mucho más rara la que salí­a al espacio de lo público en pleno centro de Madrid vestida con un mono de trabajo.

Total que le otro día ya por fin nos fuimos Tais, y el abuelo y yo a grabar lo que podrí­a haber sido el recorrido de Concha Méndez por la calles de Madrid, salimos, simulamos salir más bien, del Hotel, que ahora tiene otro nombre, hoy es el Hotel Madrisol, cerca de la Plaza de Santa Ana, en la Calle Nuñez de Arce nº 1. Caminamos todo Nuñez de Arce arriba, en la Plaza de Santa Ana había un lió monumental, algún evento de estos raros de reivindicación de algún folclore local, caminamos entre el gentí­o, nadie miraba, luego nos paramos frente a la estatua de Lorca, quien fuera tan amigo de Concha, tenía gracia, simular que caminabas como hací­a casi un siglo cuando el que allá estaba congelado en bronce tal vez, en ese pasear, estaba  a tu lado. Ahora se ve firme y raresco, con pajarillo en la mano. Lo rodee y la cámara me siguió. Y luego caminé hacia Atocha, cruce la calle, y crucé también el pasadizo del mercado de San Antón. Bajamos por Santa Isabel y desemboqué en la tapiada puerta del CSA Casablanca, el cual, esa misma mañana, o la anterior, había sido desalojado totalmente. Ahí­ quedó la grabación. Hacia calor, mucho calor, y yo iba con mi mono recién estrenado y enorme (estaba de oferta), tan contenta imaginando como serían esas mismas calles en 1923, como caminaría, quizá, Lorca  a mi lado, como me mirarían las gentes y como se sentirí­an esos lugares sin un solo sonido del ensordecedor tráfico que hoy caracteriza a nuestra ciudad.

Para el 25S, quisimos hacer la acción de me gusta andar por la noche, cuyo texto es este:

Me gusta andar de noche

Me gusta andar de noche las ciudades desiertas, 

cuando los propios pasos se oyen en el silencio.

Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,

es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.

Todo cobra relieve: una ventana abierta,

una luz, una pausa, un suspiro, una sombra…

Las calles son más largas, el tiempo también crece.

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!

De: Lluvias enlazadas (La Habana, 1939)