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God podrí­a, o no, estar indignadí­simo con una tal Pierre Pinonchelli, un tipo que ahora rondará los respetables ochenta años, un tipo que contando aun setenta y siete tomo un martillo y machacó, o intentó machacar, el famosí­simo urinario de Marcel Duchamp, su Fuente. Esto sucedió en el Pompidou, en el 2006. Pierre, un performer convencido, se andaba repitiendo a sí­ mismo, o haciendo, una vez más, una performance ya hecha. Esto es una muy peliaguda cuestión pues no sé porqué se habla de repetición y no de re-interpretación, al estilo Abramovich. En 1993 él mismo se orinó en la misma pieza, o en una de las copias legales (esto no está muy claro), y luego la dañó, imaginamos que también con un martillo, la coherencia artí­stica es la coherencia artí­stica, ya se sabe.

La Fuente es, y ha sido catalogada como, “la obra de arte más influyente del siglo XX”. En 1993 más de 500 profesionales, concluyeron tal sentencia, cerrada sentencia, por otra parte. God no tengo muy claro como se andará tomando todo el asunto, pero lo que sí­ tengo claro es que Elsa von Freytag-Loringhoven, quien, no sólo hizo God sino que también hizo, o pensó, que es lo importante, la famosisí­ma Fuente, debe llevar ya varios añossatisfecha con este sutil triunfo que le ha proporcionado su colega Pierre. Que Pinonchelli no lograse destrozar la pieza, como hubiera sido necesario, seguro que la exasperó, la muchacha es así­, funciona a base de calambres. Sin embargo, y de un modo sútil y elegante, la gran reina dadá ha vencido, la justicia póstuma es la justicia póstuma.

El bueno de Duchamp dejo instrucciones bien precisas para la exhibición pública de su “casual obra maestra”, él que jamás pensaba en arte ni en estos banales y pragmáticos asuntos. Su gran pieza, que hasta a él le sorpredió cuando la recibió como una escultura de manos de Elsa von Freytag-Loringhoven, podrí­a ser expuesta como a cada uno God le diese a entender, para arriba, para abajo, de lado, en el suelo o en un pedestal. Pero, y aquí­ se declaró irreductible, como Girondo, jamás de los jamases, con vitrina. Y va a ser que curadores unidos, comisarios reunidos, crí­ticos coaligados y demás mandatarios de esto que se llama la alta cultura, han tenido a bien exponerla de ahora en adelante con una vitrina. Ja!, God seguro que anda viendo a Duchamp saliendo de su coolness caracterí­stica para poner el grito en el cielo, al borde del más vulgar ataque de histeria, él a quien nada de esto le importa, dicen… y la Baronesa, que acostumbraba a gritar constantemente, estará, por una vez y para siempre balanceando su magestuoso paso con esa elegancia que sólo tienen los aristócratas de verdad. Lo dicho, la justicia póstuma es la justicia póstuma.

(La versión de los gemelos urinarios con mejillones a lo Broodthaers tienen su miga, ¿qué no?)