Hay que leer esto

Y luego, cuando deje de pensar en inglés, haré un esfuerzo por contar un versión breve en castellano. Bueno el asunto va de una actividades en el MOCA de L.A.: The Engagement Party series (2008-2012).
Estas fiestas del enganche, bueno de la implicación, o del acercamiento involucrado, no se bien como traducir engagement, se referí­an a piezas, más o menos participativas de «Artistas del Sur de California Emergentes que trabajen colectivamente o colaborativamente».

Engagement Party offered Southern California–based artist collectives and collaborators the opportunity to make socially based artworks by interacting with and exploring the museum in unexpected ways.

Kester arranca hablando de la performance colectiva de Marina Abramovic que fue realizada por muchos artistas, bailarines, coreógrafos y actores quienes hicieron exactamente lo que la diva de las divas les ordenó. Este acto multitudinario querí­a, además de enganchar al personal, sacar fondos y celebrar el 30 aniversario del Museo. Este acto espectacular generó a duras crí­ticas en sectores culturales más, digamos de Downtown. Yvone Rainer no se hizo esperar y alegó que era eticamente injustificable el servilismo al que sometía la Abramovic a sus esbirros. Los esbirros, no obstante estaban encantados.

Kester continua sus diatribas, antes de llegar al meollo de la cuestión analizando el porqué tantos artistas del sur de CAlifornia han optado por lo colaborativo y lo colectivo. El asunto esque aquí­, en California, surgió el primer acercamiento al arte desde el feminismo, Judy Chicago  la fResno State University que luego fue CalArts y la Women House. ellas fueron las primeras que de modo dialógico y colaborativo trataron temas de interés común para buscar salidas, o cuanto menos, reconocerse en una lucha común e inventar herramientas de resistencia colectivamente. Luego vino de NY Allan Kaprow, una figura imprescindible en la escuela artí­stica del sur de California cuya trascendencia en los cambios estéticos, al menos en España, está aún por ser descubierta, o comentada. Allan Kaprow entendía toda labor artí­stica desde la relación y desde la colaboración, ya fuera en un performance o en cualquier otro acto, dar una clase o una conferencia o preparar un proyecto. Más obsesionado con dejar de ser artista que cualquier otro al final logró cambiar, hacia lo comunitario, el artisteo local, y por ende, el internacional.

Bien, una vez que nos da los toques historiográficos precisados se pone manos a la obra en su ni tanto ni tan calvo, una posición de tercera ví­a que a mi, cada día, me gusta más.

¿Por qué juzgar un hecho estético desde un discurso ético? Tiene algún sentido. Esta es la pregunta clave. Ahora para descubrir la respuesta lean al artículo que saldrá aquí­: GRANT KESTER. Spectacle and PArticipation.MOCA+Essay