Maruja Mallo en improperios

Maruja Mallo manto algas, Chile

“Y siempre a tu pisada me adelanto,
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto”
Maruja Mallo, 1935 (¿a MH?)

Esto me lo ha contado esta mañana mi querido Miguel Molina:

Maruja fue la ganadora de insultos frente a Alberti y otros tertulianos, fue hacia 1926, donde Maruja Mallo protagonizó un extravagante ”concurso de blasfemias” en el Café de San Millán del barrio de La Latina de Madrid donde ella resultó ganadora, después de una lucha reñida con Rafael Alberti, que por aquel entonces mantenía una relación afectiva. Esto le trajo burlas posteriores, como de Buñuel, que en una charla de cine quería acabar diciendo “Queda abierto el concurso de menstruación: Maruja Mallo tiene la palabra”, incluso en su casa de México cuando ella fue a visitarlo la reprendió diciendo “las mujeres no deben decir palabrotas”.

Y Maruja dice cosas tipo:

Madrid, 14 de abril de 1931:
Victoria republicana… Euforia en las calles. Sufragio universal femenino… Euforia en las calles. Es el comienzo de la igualdad y, las calles, ¡eufóricas!.

París, 1932:
Con la Segunda República llega también mi beca a París.
Éxodo sinónimo de destino y de necesidad…
Mi padre me acompaña durante los primeros meses, durante mi exposición en una de las galerías de Arte más importantes de París… (Será el último regalo antes de su muerte.)
Picasso aparece una mañana, susurrándome un mensaje profético: “Nadie mejor que tú sabe lo que tienes que hacer”.
André Breton compra uno de mis cuadros… Y yo me paso los días en el Café de la Place Blancher. Desde su ventana aprendo a ver el mundo de la ciudad que rige las formas. Escucho a mi alrededor. El centro de todos los debates está en el compromiso político que deben tomar o no los artistas. Deseo de edificación. Geometría y compromiso social.

Arévalo, 1933:
Vuelvo. Traigo rojo subido, nuevos ojos y nuevas amarguras. La ausencia de mi padre origina la germinación de una soledad aparente…
Me convierto en profesora de dibujo (me cuestiono día tras día).
La dueña del hotel donde vivo me sirve buñuelos con chocolate para aplacar el frío y me llama “majeta”. Se me hielan los pensamientos.
Las demás mujeres, de vestimenta ennegrecida por su clericalismo tenebroso, completan su ciclo diario rezando el rosario…
Pedal tras pedal, de nuevo, paseo en bicicleta. Atravieso el umbral de la iglesia de San Miguel, inyecto luz, sin abandonar la bicicleta. Pedal tras pedal, avanzo por el pasillo central, pedal tras pedal, giro por el altar mayor, suelto una de las manos y saludo… La seriedad y la compostura de una profesora recién llegada de Madrid… El curso termina y, por fin, regreso.

Y mucho más en ||| |||
Además de la antológica en la Academia de San Fernando en Madrid,

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