Je-ne-sais-quoi: un cierto algo y sus derivas

Posted by Gloria G. | 7 noviembre 2011 | sin categoría

Je-ne-sais-quoi (Â…) Algo que uno no puede o es incapaz de clarificar, definir o expresar claramente
Trésor de la langue francaise

Primor XIII
Del despejo
El despejo, alma de toda prenda, vida de toda perfección, gallardía de las acciones, gracia de las palabras y hechizo de todo buen gusto, lisonjea la inteligencia y extraña la explicación.
Baltasar Gracián, El héroe[1]

Un fenómeno francés quintaesencial. Un signo de la cualidad de la cultura cortés de los salones. Un término que pasará de ser aplicado a obras de arte a serlo al terreno de las relaciones sociales. La aristocracia venida a menos se esforzará, en las postrimerías del XVII, en cultivar ciertos sutiles signos de cualidad cultural con el fin de distinguirse de aquellos a quienes se querrá excluir de sus círculos. Un signo artificial de cualidad, una fabricación de un colectivo. Un tesoro de la lengua francesa que será capaz de describir toda una trama social además de producirla. De hecho definirá el modo en el que esta cultura, la cortés, preserva y mantiene su sentido de distinción. Una postura mantenida por un grupo para preservar su identidad.

Los primeros europeos modernos hubieron de enfrentarse a un nuevo modo de relación, hubieron de aprender a dialogar y a comunicarse sin atravesarse con una espada, sin batirse, ni derribarse. Hubieron de aprender a conversar, a hablar y a pensar de otro modo. A primeros del diecisiete emergerá el término je-ne-sais-quoi para atrapar lo indescriptible de cualquier encuentro, ya fuere con cosas o con personas. Luego su uso se extenderá por Europa. Pero, ¿Qué es ese je-ne-sais-quoi?.

En sus Pensées, editados tras su muerte en agosto de 1662, Pascal, lo nombra aplicándole a aquel, o a aquello, que lo sostenga ciertas fuerzas ocultas y poderosísimas: “quien quiera conocer la vanidad del genero humano de modo absoluto sólo debe considerar las causas y los efectos del amor. Su causa es un je-ne-sais-quoi (Corneille). Y sus efectos devastadores. Este je-ne-sais-quoi, tan sutil que ni siquiera puede ser reconocido, hace tambalearse la tierra entera, a las princesas, las armadas, y al mundo todo. Si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta, el rostro del mundo sería totalmente diferente”[2] La palabra se hará centro de muchos debates en la literatura vernácula de la conversación cortés del siglo XVII, y especialmente en los trabajos de Chevalier de Méré y Bonhour quienes emplearán el término para rastrear, o tratar de narrar, el encuentro en primera persona con un “cierto algo” que resulta tan difícil de concretar como sus efectos de controlar, y que sólo se puede explicar bajo el signo de lo inexplicable, por diferente y aún no comprendido. Méré definirá ese je-ne-sais-quoi como una cosa difícil de percibir y más aún de desarrollar, sugiriendo su “inexplicabilidad”, ¿es ese je-ne-sais-quoi algún extra sutil fenómeno solo conocido por los happy-few?”, se preguntará. “Lo que entendemos por je-ne-sais-quoi”, dirá, “está compuesto de pequeños matices muy difíciles de percibir”[3].

En España ese “no sé qué” será elevado a concepto por Baltasar Gracián[4], aunque según Richard Scholar esto no es exacto. El primer libro de Gracián, El Héroe de 1637, es una guía del arte de la distinción social, en esta guía se incluye un capítulo que el llama “El Despejo”. Este despejo, de extraña explicación, se referirá al cultivo de un imperceptible encanto, podría ser lo mismo, pero aun no emplea la expresión “no sé qué”. Los lectores de Gracián de finales del XVII confundirán ambos términos, al incluir el despejo dentro del tópico del je-ne-sais-quoi. Bouhours, el primer teórico francés que explícitamente revela la deuda con el jesuita en la génesis de su pensamiento, lo cita expresamente uniendo en el “no-se-qué” tanto el brío, la virtud, como el despejo en una sola expresión: “Le Je Ne Scay Quoy”. Y el siguiente traductor al francés de la obra de Gracián, Amelot de la Houssaye, hace lo propio y pasa a poner je-ne-sais-quoi donde encontraba “despejo”. Por tanto Gracián estará más en el hilo de la historia del je-ne-sais-quoi a la francesa que del “no-sé-qué” español, hilo este que aunaría a Santa Teresa, con San Juna de la Cruz y Cervantes, a decir del mismo Scholar[5]

Habrá, además de je-ne-sais-quoi, cuatro términos que adquirirán prominencia en el léxico francés del mismo periodo: honnêteté, urbanité, galanterie y bel esprit. La primera se referirá a la distinción, un signo que definirá a los “elegidos” como aquellos que poseen una indefinible cualidad. Según Megendie[6] hay que diferenciar ente la honnêteté “burguesa” y la “aristocrática”; la primera ofrece una suerte de guía ética para aquellos que quisieran adquirir cualidad; los segundos se limitan a celebrar a aquellos que ya la poseen. Los primeros habríamos de llamarlos arribistas y los segundos, al correr del tiempo, a rebours, esto es a contracorriente, precisamente, de los primeros. De hecho hay unanimidad entre los historiadores al afirmar que la concepción aristocrática de la honnêteté se hará prominente en la década de 1660 y que su desarrollo y asentamiento estará directamente relacionada con el je-ne-sais-quoi[7].

Según Faret[8], quien escribe su popular L´Honneste homme ou l´art de plaire è la court (1630), la honnêteté se puede adquirir. Seguirá a Castiglione en este punto en El Cortesano (1528). Pero Méré, a diferencia de Faret, no verá esta escurridiza cualidad como “adquirible” y no creerá que una guía práctica sirva para nada, uno tiene ese cierto algo o no lo tiene, nada se puede hacer la respecto. En De la vraie honnêteté , de 1700, especifica que se trata de un dominio total de todos los encantos y las propiedades de la vida. Un perfecto honnête homme, y una perfecta honnête femme habrán de poseer un conocimiento universal que les sirva en los asuntos prácticos de la vida. Este savoir-faire universal. A Méré le han llamado “el Maquiavelo del mundo cortés”, reducirá cualquier cuestión ética al sólo criterio del “encanto”, el charm. Nada más alejado pues de cualquier guía del perfecto petimetre. Y es precisamente en este punto cuando encontramos auténticas resonancias del más famoso tratado del dandysmo. Bohours escribirá unas sentencia que bien se podría aplicar a Brummell: “es apuesto, bien parecido, e inteligente, pero posee ese no sé qué que me desagrada”[9]. La inclusión en el círculo de los happy few se sustenta sobre algo tan inmaterial que no puede ser aprendido como una regla, como mucho, dirá Barbey, esbozaremos unos principios[10].

Los aristócratas de intemperie o del espíritu, los dandys, retomarán está fascinación por el je-ne-sais-quoi y reescribirán la honnêteté a la Méré en el siglo de la burguesía. Buscarán ese je-ne-sais-quoi en personas que se hacen a si mismas obras de arte. Tras mil derivas en la definición, imposible de antemano, el dandysmo cierra el asunto apoyándose en el je-ne-sais-quoi. Barbey admite la imposibilidad de hacer una propuesta metodológica o un discurso coherente, de comunicar las reglas del dandysmo a un no iniciado o de instruir a un incompetente. La esencia misma del dandy no puede ser reducida a palabras. Este esencial “algo” recibirá el nombre, por parte de Barbey, de Balzac, de Chapus, de “ese no se qué”, una vez más el je-ne-sais-quoi. La misma existencia de un significante lingüístico que denota un efecto estético que desafía cualquier descripción verbal conlleva un mensaje doble; por una parte, la inhabilidad de traducir tan sublime esencia en palabras y por otra parte, la evidencia de que la esencial presencia se percibe. Ese tener un “no sé qué” será, a la postre la impenetrable explicación del yo-como-arte.

Para Balzac el dandy ejerce una suerte de indefinible y misterioso secreto de seducción y de poder sobre los otros. En suma, rezuma un je-ne-sais-quoi, como la nariz de Cleopatra. Un aire de grandeza, una contención orgullosa, en una palabra, todo lo que ha sido llamado je-ne-sais quoi[11]. Henri de Marsay identifica esta cualidad indispensable con esas infinitas naderías que las mujeres, el sexo intuitivo, quien percibe siempre infinitamente mejor que cualquier hombre estas sutilezas que tienen que ver con el aire de una persona, conllevando, el sonido de su voz, el modo en el que te mira, sus gestos, un número de pequeñísimos matices que las mujeres ven y a las que adjudican un sentido de ese “algo” inefable, sin el cual el gran talento no sería nunca reconocido[12]. El dandy, que es el andrógino de la historia, puede invariablemente percibir este “algo” inefable, sin el cual el gran talento no sería nunca reconocido. El dandysmo parece para sus mismos creadores tan difícil de describir como de definir. Brummell reinará por unas facultades a las que Montesquiou llamará, una vez más, je-en-sais-quoi, en lugar de informarnos de qué se trataba. Esta borrosa explicación de la misma base de la diferenciación y especialidad del dandy vuelve al centro del dilema, al final ¿qué es un dandy? .

Para los escritores dandys, como Paul de Musset, solamente la magia del je-ne-sais-quoi, la omnipotencia de ese je-ne-sais-quoi, podría explicar cómo determinadas personas pueden superar sus defectos naturales: “vemos a enanos, a tartamudos y a jorobados entre ellos, pero el enano del grand monde es elegante, el tartamudo habla suavemente, el jorobado lleva su joroba noblemente… incluso el ignorante deja volar sus anacronismos como un hombre de buena sociedad y el imbécil se trastabilla con gracia, busca la palabra apropiada, pero para a mitad de frase, como un perfecto caballero. Ese es el prestigio . . . del je-en-sais-quoi en el hombre[13].

Y si avanzamos un poco más y nos referimos a algunas artistas de la modernidad que retomaron la estrategia del anacrónico dandy en sus vidas y en sus obras sorprende como Louis Vauxcelles eligiese precisamente la misma expresión que emplease Barbey D´Aurevilly, y como hemos viso tantos otros antes, asegurando que la obra de Romaine desprende ese “no sé qué” que la hace especial. Dirá Vauxcelles de las pinturas de Brooks; “en sus imágenes hay ese je-en-sais-quoi que desconcierta la sensibilidad francesa; ciertas mujeres jóvenes parecen efebos, mostrándonos lo que vuelca nuestras tradiciones”[14]. Como concluye Lucchesi, y nosotros, ese je-en-sais-quoi es precisamente “El Dandy en Ella”[15].

Â….


[1] GRACIAN, Baltasar: El héroe. Ediciones ……. 1637

[2] PASCAL, Blaise: Pensées, ed. Philippe Sellier. Paris, 1991. Pág. 32

[3] MÉRÉ, Antoine Gombault, Chevalier de: Lettres de Monsieur le Chevalier de Méré, 2 vols. La Compaigne des Libraires. 1689

[4] JACOUBET, Henri: “A propos de “je ne sais quoi”, Variétés d´histoire littéraire, de méthodologie, et de critique d´humeur” Les Belles Lettres, 1935. Pág. 59
JANKÉLÉVITCH, Vladimir: “Le je-ne-sais-quoi et le Presque-rien” (2nd Edition), 3 vols. Seuil, Paris 1980: i. Pág. 42.
JAM, Jean Louis: “Je-ne-sais-quoi” en Montando 1995: 517-29. Pág. 519

[5] SCHOLAR, Richard: The Je-Ne-Sais-Quoi in early Modern Europe. Encounters with a certain something. Oxford UNiversity Press. Oxford NY, 2005

[6] MAGENDIE, Maurice: La Politesse mondaine et les théories de l´honnêteté en France au XVII siècle, de 1600 à 1660, 2 vols. Slatkine reprints. Geneva, 1970. Pág. 467-75; 892-901
MACLEAN, Ian: Woman Triumphant: Feminism in French Literature, 1610-1652. Clarendon Press. Oxford, 1977. Pág. 119-55
STANTON, Domna C.: The Aristocrat as Art: A Study of the “Honnête Homme” and the “Dandy” in Seventeenth – and Nineteenth – Century French Literature. Columbia University Press. New York, 1980. Pág. 14-30.
MORIARTY, Michael: Taste and Ideology in Seventeenth-Century France. Cambridge University Press. Cambridge, 1988. Pág. 46-52

[7] BOURDIEU, Pierre: La Distinction: Critique sociale du jugement. Minuit. Paris. 1979. Pág. 77
STANTON, Domna C.: The Aristocrat as Art: A Study of the “Honnête Homme” and the “Dandy” in Seventeenth – and Nineteenth – Century French Literature. Columbia University Press. New York, 1980. Pág. 207
ELIAS, Norbert: The Civilizing Process, ii. State Formation and Civilization, trans. Edmund Jephcott. Basil Backwell. Osford, 1982. Pág. 360
MORIARTY, Michael: “Principles of Judgement: Probability, Decorum, taste, and the Je-ne-sais-quoi”, in Norton 1999: 522-9. Pág. 526
VIALA, Alan: “L´Eloquence galante: Une problématique de l´adhésion” en AMOSSY Ruth (ed.): Images de soi dans le discours: La Construction de l´ethos. Delachaux et Niestlé. Lausanne. Pág. 177-97
1999: 187

[8] FARET, Nicolas: L´Honneste homme, ou, l ´art de plaire à la court, ed. Maurice Magendie. Presses UNiversitaires de France. 1925.
CASTIGLIONE, Baldassare: Il Cortegiano, ed. Carlo Cordié. Arnoldo Mondadori. Milan and Naples. 1991
MONTANDON, Alain (ed.): Dictionnaire raisonné de la politesse et du savoir-vivre dum oyen âge jusqu´à nos tours. Seuil

[9] BOHUORS, Dominique, SJ: Les Entretiens d´Ariste et d´Eugène, ed. Ferdinand Brunot. Armand Colin. Paris. 1962. Pág. 46

[10] BARBEY, D´aurevilly: El Dandismo y George Brummel. La Fontana Literaria.

[11] EUGENE, Chapus. Manuel de l´homme et la femme comme il faut. Paris: George Decaux. 1862, p. 57. A este respecto ver; SCHOLAR, Richard: The Je-Sais-Quoi in Early Modern Europe. Encounters with a certain something. Oxford University Press. Oxford 2005

[12] BALZAC, Honore de: La Comédie Humana. 11 vols. Bibliothèque de la Pléiade. Gallimard. Paris. 1966, vol. VIII, p. 893

[13] VVAA: Paris et les parisiens au XIX siècle: Moeurs, arts et monuments. (Antología de articulos de Gautier, Houssaye, P. de Musset, L. Enault, et al.) Morizot. Paris. 1856, pp. 418 – 424

[14] He writes that “In her images there´s a je ne sais quoi that disconcerts the french sensibility;

certain young women look like ephebes, showing us what overturns our traditions. Vauxcelles,

Paris-Soir, Mayo 25, 1925

[15] DURAN, Gloria G.: Dandysmo y Contragénero. Alguna Dandys de entreguerras. Baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, Djuna Barnes, Florine Stettheimer y Romaine Brooks. Publicaciones UPV. 2009.


About The Author

Gloria G.

Nací en Madrid. Me fui y regresé. Aprendí mucho en el camino. He estudiado 3 años de empresariales, 5 de Bellas Artes, 1 de Master, 2 de CAP, una oposición de profesora y un doctorado. Ahora soy doctora por la UPV y trabajo como investigadora en el grupo PRACTICEMAD, Prácticas emergentes en el Nuevo Madrid, del Grupo de Estudio Urbanos, GEU de la UNED. Entrevisto a artistas y agentes varios de la escena del arte madrileño, pero, paradójicamente, me paso el día en Tabacalera, en el CSA autogestionado y desde allí intento comprender lo incomprensible, como preservar la heroicidad perdida de la condición de artista en tiempos de branding…. sinceramente, creo que es irrecuperable, pero si obvio el branding, a lo mejor y todo aun quedan unos tantos héroes. A lo mejor.

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